El Doctor Roberto Traynor en mi recuerdo
Por Alicia Grillo
Hurgando entre viejos papeles encontré unos poemas que me dedicaron hace mucho tiempo. Era un hombre mayor que disfrutaba mostrándose juvenil. Se llamaba Roberto Traynor y me sorprende que no tenga dedicada una sola página en Internet porque creo que debe permanecer imborrable en la memoria de mucha gente.
El Dr. Roberto Traynor; odontólogo. El más pintoresco que conocí jamás.
Atendía en Valentín Alsina, barrio de tango y cuna del mítico Sandro de América a metros del Puente Alsina que divide la Ciudad de Buenos Aires con la provincia. Atendía en un inquilinato y los pacientes lo esperábamos en una gran sala por donde se asomaban las vecinas en ruleros y chinelas, secándose las manos con sus delantales, se cruzaban corriendo niños con mocos y hombres en musculosa con un diario bajo el brazo.
Esperábamos impacientes al doctor que entraba saludando con su sonrisa de dientes postizos siempre impecable y elegante, con su traje azul y subía corriendo la escalera de madera que retumbaba bajo su paso ligero.
“¡Qué mano tiene!” comentaban las “Doñas” que esperaban junto a mí. Además de su “Buena mano” cualquiera tenía acceso a sus tratamientos porque los aranceles eran mínimos cuando no cobraba nada. Algunos comentaban que era hombre de “Fortuna y buena familia”
Había quedado viudo hacía ya unos cuántos años.
Jugaba a ser un personaje y le encantaba impresionar.
Cuando yo entraba al consultorio, con todos hacía lo mismo, tomaba un martillo y hacia la parodia que estaba matando cucarachas aunque de vez en cuando alguna real se cruzaba por el viejo piso de madera. Después iba a la vitrina donde guardaba los materiales y sacando un frasco de dulce de leche comenzaba a comerlo en cucharadas.
Cuentan que en una ocasión una señora le dijo: “Ay Doctor, yo prefiero tener un hijo antes de sacarme una muela” Entonces él inclinó totalmente la camilla y le dijo “Le daré el gusto, comencemos ya” La gente lo conocía y lo apreciaba soportando sus bromas.
Repetía siempre el viejo chiste de los dentistas “Las tengo a todas con la boca abierta”
Era un hombre culto y cuando descubrió que me gustaba la literatura me regaló un libro que había publicado. Aún lo conservo junto con los poemas que acabo de encontrar y grabar para quienes quieran escucharlos.
Audios
Acuarela de Otoño
Plenitud
El libro no era malo. El tema era sobre el gran drama de todo ser humano; “El tiempo que vuela raudo” Se llamaba “Dios dijo sí” y trataba de un fenómeno imprevisto que ocurría en la Ciudad de Buenos Aires en medio de determinados conflictos personales.
Repentinamente el tiempo comenzaba a retroceder y todo volvía lentamente para atrás. Los muertos resucitaban y algunos desaparecían porque aún no habían nacido. Interesante por cierto y evidenciaba la nostalgia que padecía ante los afectos que había perdido; su mujer, sus padres, amigos y el deseo inmenso de desandar en el tiempo.
Su poesía me parecía maravillosa y acá les dejo dos poemas que me dedicó un 19 de enero de 1980 cuando yo era yo era muy joven y él casi un anciano.
Después no supe más de él hasta que un día alguien me contó que había quedado ciego por la diabetes, recordé su devoción por el dulce de leche.
Tiempo después supe que había muerto.
Notas de la Redacción
Alicia Grillo tiene su Space Espacio Imaginario en el cual comparte experiencias de su vida y de la vida misma, donde muchos se sienten indentificados y realimentan constantemente ese inconsciente colectivo. Cuando conocimos ésta historia y luego de un intercambio de e-mails ella nos comentó que el Dr. Traynor atendía pegadito a una conocida zapatería llamada Iguazú. Quizá muchos de ustedes alguna vez fueron atendidos por él, y sería muy interesante que entre todos le demos una identidad, a éste tipo de personas que ayudaron y ayudan en silencio a muchas otras.

08/03/2007 at 2:35 pm
Les agradezco que hayan publicado este relato porque creo que el recuerdo del Doctor Traynor merece el mayor de los reconocimientos.
Un abrazo
03/06/2007 at 12:19 pm
Estimada Alicia Grillo, me emocioné mucho cuando leí su artículo. Era un hombre increíble… era mi gran abuelo…!
Si le interesa, le puedo enviar más poesías.
Afectuosamente, Verónica Traynor
(P/D: Falleció a los noventa años, pero veía perfectamente…! y siguió escribiendo versos hasta sus últimos días.)
03/06/2007 at 2:09 pm
Yo también soy el nieto. No lo conocí mucho pero me contaron que era una persona extraordinaria.
Kevin Traynor
03/06/2007 at 3:01 pm
He leido en esta página encontrada por casualidad, emocionado y no sin derramar un mar de lágrimas la historia que escribió mi padre en el para mi nostálgico barrio de Valentín Alsina. Digo nostálgico porque lo visitaba desde muy chico
y conocí cada uno de los momentos por él transitados,y tan bien contados por vos en esta larga historia de casi cuarenta años. Habría tanto para hablar que me gustaría charlarlo para que me contaras desde tu propia visión la historia de mi padre.
con cariño Arturo.
03/06/2007 at 4:23 pm
Gracias a ustedes porque me han dado una inmensa alegría.
Lo mío fue tratar de transmitir un recuerdo bello de alguien especial que por sobre todas las cosas hacía uso del más preciado de los dones; la libertad.
El era un ser capaz de mostrarse como era y lo que era valía la pena.
Un extraordinario poeta y un gran hombre más allá de “su buena mano” como odontólogo.
Lamentablemente por problemas en el hosting donde alojaba los poemas no habrán podido escucharlos pero volví a guardarlos en otro. Tarda un poquito pero cargan bien. Acá va la dirección de los mismos
http://filexoom.com/files/2007/5/25/76068/PLENITUD.mp3
http://filexoom.com/files/2007/5/25/76068/ACUARELA%20DE%20OTO%C3%91O.mp3
03/06/2007 at 8:54 pm
Alicia: a cierta edad uno piensa que pocas cosas pueden sorprenderlo, pero tus recuerdos tan precisos y sensibles sobre nuestro padre, me han provocado una enorme sorpresa, una revivida tristeza por su pérdida, y un gran sentimiento de gratitud hacia quien supo conocerlo y valorarlo de manera tan aguda. Me parece encontrar en vos también una escritora y porque no una poeta ya que el audio de los poemas revelan un saber decir esos versos que acompañaron nuestra juventud y adultez. Nuestro padre fué un hombre romántico y feliz, fuerte y sensible, amable y disparatado al mismo tiempo.
Nuestro apellido que es de orígen irlandés se traduce como “hijo del hombre fuerte y campeón”, y así lo sentimos nosotros sus hijos a ese campeón que fue nuestro padre.
Gracias Alicia por tu recuerdo, ( que en el día de hoy nos hizo llorar a todos sus herederos)
Me llamo Teresa y soy la hija menor de Roberto Traynor.
04/06/2007 at 12:19 pm
Excelente relato ya leído en el blog de mi amiga.
Sin palabras y agradezco haberlo conocido así …
Gracis Alicia y gracias a Uds. por haberlo publicado.
04/06/2007 at 7:11 pm
Yo tambien soy la nieta.Cuando nací mis padres me llevaron para que él me conociera y dijo : No es linda es perfecta.
En aquel momento yo solo tenía días y en ese mismo año unos meses más tarde falleció.
Soy Katherine Traynor la hija menor de Arturo Traynor (el hijo del medio de Roberto)
05/06/2007 at 1:08 am
Realmente este encuentro es hermoso y pienso en el orgullo y amor que debe sentir allí donde este vuestro padre y abuelo.
Creo que tener esta hermosa familia ha sido el más maravilloso logro del querido doctor.
Les ruego que recuerden enviarme más poemas escritos por él por favor.
Gracias.
Un abrazo a todos ustedes.
Son un ejemplo de familia porque son capaces de mantener vivo el recuerdo de aquel que tanto los quiso.
12/06/2007 at 5:33 pm
Alicia me encantaría comunicarme con vos más directamente, yo también escribo y pinto, investigo y tengo publicaciones además sobre las relaciones del arte con el psicoanálisis. Ví tu blog y me pareció genial. Te dejo mi correo (es mi apellido al revés) rony_art@telecentro.com.ar
Teresa Traynor
22/10/2007 at 7:01 pm
Soy de Valentin Alsina y fui en la niñez (tengo 60años), paciente del Dr. Traynor. Despues del colegio, nuestras madres nos dejaban en el consultorio del dentista (ahora son odontologos). Me veo sentada en el amplio living con sillones de madera y horribles flores de plastico, temerosa de escuchar el ruido en las escaleras de madera ,del paciente que bajaba, y mi turno de subir. Una vez alli, comenzaba a reirme con sus bromas. Siempre me pregunte que hacia un hombre tan brillante, en un lugar tan triste y con gente pobre. Ahora creo, que ya habia encontrado el sentido de la vida, para el como para muchos la alegria y la solidaridad. Gracias por dejarme retroceder cincuenta años en un hermoso recuerdo. Un abrazo para nuestro doctor. Graciela.
14/04/2008 at 1:27 pm
Tengo una pregunta. Tengo un libro de Traynor llamado “Dios dijo no”, y en esta página se menciona uno llamado “Dios dijo sí”. ¿Se trata de un error, o son dos libros distintos?
29/05/2008 at 12:44 am
Me interesó el comentario de Graciela Capello sobre el Dr. Traynor. Existiría alguna posibilidad de comunicarme con ella vía mail?
Ana María